viernes, 25 de mayo de 2012

Mi verdad número cuarenta

Resulta muy difícil decidirse por cualquiera de los numerosos altercados que pueblan nuestro territorio nacional. Ya ven, con la prima de riesgo disparada, con Bankia salvada por la campana, con Mariano volviendo de Chicago con la maleta llena de instrucciones de la prusiana… Sí, me temo que hay demasiado donde elegir, pero permítanme que me quede con ese elefante en una cacharrería (que no en Botsuana) que es José Ignacio Wert.
A estas alturas, no es menester que les miente la sarta de despropósitos que este hombre ha hecho con la enseñanza (él, a semejante desatinos los sigue llamando “medidas”). Despropósitos, que no solo le han costado la primera huelga general en educación en este país, sino el desplante del rectorado, que no asistió al Consejo de Universidades. Inédito lo uno y lo otro. ¿No será porque se está equivocando? Repasemos cómo va la educación en algunos países de nuestro entorno. En EE.UU., pese a la crisis, se invierten 12.000 dólares por alumno; es, pues, el principal inversor por alumno a nivel mundial. Pero no nos vayamos tan lejos, acerquémonos a nuestra vecina Francia y veremos que también, a pesar de la crisis, el Estado francés destina más de un 20% del presupuesto general a educación. ¿Y qué pasa con Merkel?, ¿también recortará ella en materia educativa? Pues parece que sí pero no tanto como nos creíamos, porque destina a educación un 4,8 del P.I.B. Como ven, parece de sentido común reconocer que invertir en formación es invertir en futuro, pero al Sr. Wert, que lo sabe de sobra, le da exactamente igual porque de prepotencia va bien servido.
Hoy es viernes, viernes de dolores porque hay Consejo de Ministros. Vamos a ver qué nueva humorada nos sirven en bandeja de plata.

jueves, 17 de mayo de 2012

Mi verdad número treinta y nueve

Decepcionante. El Gobierno andaluz (en cuyas manos encomendamos nuestro espíritu) ha hecho una chapuza presupuestaria y ha aplicado los mismos recortes que Rajoy.
Confiábamos, sí, confiábamos en que IU metiera en vereda a los socialistas y que destruyera –como dijo en campaña- las políticas neoliberales que nos están poniendo la soga al cuello. ¡Pero qué va! El mismísimo Diego Valderas anunció ayer que sus medidas son injustas, pero que se ve obligado a tomarlas por imperativo de Madrid y de Bruselas.
Habrá que pensar mal y colegir de toda esta abracadabrante declaración que IU, como todo el que coge un sillón, está remoloneando y mintiendo porque ya ha logrado su objetivo: quedarse con la vicepresidencia de la Junta y con algunas consejerías; o sea, con el poder.
Pero no contento con repetir la sempiterna excusa de Rajoy (ya saben, “no tenemos alternativa”), Diego Valderas hace un auténtico ejercicio de cinismo puro y duro y sigue declarando que combatirá las medidas que él mismo ha tomado, porque él –cito textualmente- “se seguirá oponiendo a ese sí o sí que el Gobierno plantea a cualquiera de las CC.AA”. ¿Cabe mayor desfachatez? ¿O es que nos ha tomado por bobos?
Lo dije al principio, todo esto es decepcionante, y aún más: indignante. Porque todos, absolutamente todos los partidos gobernantes se han aliado con el fascismo declarado que impone la prima de riesgo y no nos dejan más que una salida: la indignación.

jueves, 10 de mayo de 2012

Mi verdad número treinta y ocho

Estaba por hablar del nacimiento del tigre albino en un zoológico de Ucrania después de ver lo que ha pasado con Bankia y después de contrastar que a Cristina Fernández de Kirchner se le ha ido la pinza por completo con lo del jamón ibérico español, cuando me he dado cuenta de que la primavera ha llegado y de que todo es liiindo, ché (que dirían los argentinos). Sí, debe de ser la primavera la que me tiene tan eufórica que no me deja amilanarme ante la subida estrepitosa y apabullante que la ultraderecha está alcanzando en Europa, que no me permite entristecerme por la fragmentación de Grecia (los mercados han sido listos, han dividido y han vencido)… No, ya lo he dicho, estoy exultante de felicidad y, en consecuencia, no veo más que las noticias “gloriosas”: El triunfo de Hollande en las presidenciales francesas y, esta mañana, la inusitada declaración de Obama de que él está a favor del matrimonio gay. Sí, debe de ser la primavera la que me hace omitir el electoralismo de estas palabras y rescatar solo su vertiente positiva. Ni siquiera me apesadumbra constatar el hecho de que, cuando el hombre más poderoso del mundo se declara a favor del matrimonio homosexual, nosotros (o mejor, los ricatólicos, los católicos a secas y los pepesianos en general) tengamos interpuesto ante el Constitucional un recurso contra la ley que aprobó este tipo de uniones en 2005.
Se habla y se habla de que el PP solo quiere cambiar el nombre a estas uniones, que solo quiere dejar de llamarlas “matrimonio”, pero dada la notable tendencia a la mendacidad de nuestro actual Gobierno, me temo lo peor, y lo peor es que erradiquen por completo de nuestro solar patrio las uniones (o matrimonios) entre seres del mismo sexo.
Pero la primavera ha llegado y, a pesar de todo, estoy de maravilla. No hay nada como una temperatura agradable para verlo todo de color de rosa.

viernes, 27 de abril de 2012

Mi verdad número treinta y siete

A estas alturas ya lo sabe toda España: las prostitutas del Raval se rebelan contra la ordenanza municipal que pretende erradicarlas de las calles de Barcelona. Sí, como lo oyen, el consistorio ha decidido, por voluntad del PP y CiU (que es como decir la misma cosa), prohibir que se ofrezca, solicite, negocie o acepte cualquier servicio sexual retribuido en el espacio público. Pero cualquiera que tenga dos dedos de frente y una pizca de sensibilidad se preguntará si semejante medida ahonda en la realidad del problema o es meramente un abuso más que la derecha de este país lleva a cabo del concepto “orden público”.
Comprendo a la perfección la lógica indignación de los vecinos del Raval, pero también he de comprender que a esta medida no le interesa ir a la médula espinal de tan espinoso asunto. Porque penalizar a “la que peca por la paga” y al que “paga por pecar” no es más que atacar la punta del iceberg de un problema que no se quiere arreglar en toda su extensión.
De todos es sabido que hay proxenetas, hay mafias, hay mujeres abocadas a la prostitución… ¿Por qué no se legisla sobre todo esto de una vez? Sin duda, porque es más cómodo sacar a la pasma a la calle, criminalizando así una profesión que existe desde que el mundo es mundo y de la que todos debiéramos sentirnos responsables.
Así que yo me pregunto ¿qué hace el Gobierno de la Nación que no estudia y pondera este complejo rompecabezas y toma una decisión ajustada a derecho? Y cuando digo “ajustada a derecho” quiero decir una decisión que no olvide que las putas son personas, la mayor parte de las veces zarandeadas por la vida, o por un proxeneta; o lo que es peor, por una mafia. Porque la puta callejera no es la prostituta de lujo, que ejerce porque le da la gana. No, la puta callejera es, en la mayoría de los casos una víctima de la sociedad y, por lo mismo, digna de todo mi respeto.

miércoles, 18 de abril de 2012

Mi verdad número treinta y seis

Hace dos días exactamente el FMI advertía: “El aumento de la esperanza de vida puede producir un colapso financiero global”. ¿Qué quieren decir con esto Christine Lagarde y demás compañeros mártires?  No es difícil de adivinar. Esto quiere decir en concreto que los ancianos pobres (de los ricos, como Botín, ni se habla) son un lastre para los Estados, pues se añade a semejante reflexión el que se deberían “flexibilizar” las pensiones; o lo que es igual, bajarlas.
A mí, no lo niego, esta absurda aseveración me suena –y lo diré con todas las letras- a nazismo puro y duro. Porque, a ver, no hay más que sustituir la palabra “judío” por la palabra “anciano”; no hay más que sustituir el imperialismo hitleriano por el de los mercados y la ecuación queda despejada.
Sí, como lo oyen, los individuos de la tercera edad son una rémora, una carga para el capitalismo europeo porque, ¡ay!, viven demasiado. ¿Qué será, pues, lo siguiente? Presumo que nadie se atreverá, hoy en día, a meterlos en una cámara de gas, pero se les invita, paulatina y solapadamente, a que se mueran.
¿O cómo interpretar las intenciones de Ana Mato de instaurar el copago farmacéutico a las clases pasivas? En efecto, en artículos que son de extrema necesidad para toda la población, nuestra flamante ministra de Sanidad, quiere gravar a nuestros mayores, con lo que se vería mermado no solo su exiguo poder adquisitivo, sino su sacrosanto derecho a envejecer con dignidad.
Resumo: El capitalismo financiero es un régimen fascista que hay que combatir, pero nuestro actual Gobierno, lejos de eso, está bailándole el agua a medidas que, no es que sean impopulares, es que son tremendamente antisociales. ¿O es que con el rollo de que no hay dinero se puede cercenar un derecho tan básico como es el derecho a envejecer con calidad de vida? Esto, sin duda, lo responderían mucho mejor que yo los miles de ancianos que pueblan nuestro territorio nacional.

jueves, 12 de abril de 2012

Mi verdad número treinta y cinco

Luis de Guindos mete miedo y Jorge Fernández Díaz lo da. La manipulación está servida, y el PP sigue a lo suyo.
Como la paulatina destrucción del estado de bienestar no le parece suficiente, ahora, nuestro actual ministro de Finanzas amenaza: “Como vengan otros a hacer los presupuestos va a ver usted lo que es un ajuste de cuentas”, dice. Lo que astutamente se calla el Sr. de Guindos es que, aunque todavía no hayamos sido “rescatados”, estamos intervenidos hasta las orejas. ¿O cómo llamaría usted, Sr. de Guindos, al hecho de que Bruselas haya enviado expertos a Madrid para que nos vigilen? En puridad, Sr. de Guindos, es usted un tecnócrata como Monti. Y hubiera dado igual que lo eligiera el pueblo o que lo hubiese nombrado el B.C.E. Así que no nos meta miedo porque no hay que ser un experto economista para percatarse de que aquí, como en Italia, gobierna Europa. Pero no el pueblo europeo, sino unos cuantos especuladores sin escrúpulos que se están forrando a costa de no invertir, y encima es el ciudadano el que tiene que reponer los vidrios rotos. No, no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, eso es otra falacia –una más- con la que intentan instaurar la dictadura del miedo.
Y hablando de miedo. He dicho antes que Jorge Fernández Díaz lo da. En efecto, da miedo pensar hasta dónde nos llevará en endurecimiento del Código Penal. Porque es de sobra evidente que está muy bien que se castigue a los vándalos, pero de ahí a penar con dos años de cárcel la resistencia pasiva media un abismo. So pena de que, de un modo deliberado, se quiera instaurar en España un Estado policial; un Estado que dé miedo.
En suma, yo creo que el PP ejercita de manera sobresaliente el arte de manipular: Miente, culpa, practica la hipocresía… Y ahora quiere tenernos amedrentados. Pensará, sin duda, que “calladitos –y apaleados-, estamos más guapos”.

viernes, 30 de marzo de 2012

Mi verdad número treinta y cuatro

Juan Rosell, presidente de la CEOE, se muestra muy preocupado  por la imagen que España haya podido dar al mundo por las “ligeras excepciones” a la normalidad que se produjeron ayer durante la jornada de huelga general.
Digo yo que lo que exaspera a los empresarios españoles es que nuestro país “salga en los papeles” asemejándose a Grecia.
Muy loable, Sr. Rosell, el empeño que usted tiene por mantener inmaculada la imagen de España en el universo, pero ¿por qué no dice –usted que la conoce bien- que la reforma laboral del Gobierno nos coloca al mismo nivel de desamparo y desprotección que el que últimamente se lo prodiga a los trabajadores griegos?
Por ejemplo, el Gobierno de la Nación helena se comprometió en octubre ante la UE a rebajar en 30.000 el número de empleados públicos. Pues bien, en España, con la actual reforma de Rajoy, se puede despedir al personal laboral de las Administraciones Públicas “por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción”. Dicho de otro modo, se puede echar a los funcionarios a la calle.
Usted, Sr. Rosell, estará contento, pues en otra ocasión ya sugirió que sobraban funcionarios en nuestro país; pero, permítame un consejo, no se me descomponga si, con estas medidas, salimos a la calle a gritar, porque gritamos con toda la razón del mundo. ¡Y que piense el mundo lo que le dé la gana, Sr. Rosell!